UN MILAGRO DE FE
El humilde africano de Angola, al dejar plasmado en un mural la imagen del Cristo crucificado jamás pudo imaginar el legado trascendental que daría paso a una veneración de siglos, una imagen impresa en un muro de adobe que soporto la ira de la naturaleza causando admiración, respeto, esperanza y fe.
Aunque en ella podemos percibir a un ser humano sometido al calvario de la crucifixión, con los brazos extendidos clavados en una cruz de madera, con los pies traspasados por enormes clavos, llevando consigo una corona de espinas derramando sudor y sangre a través de su cuerpo , con una herida abierta por una espada de sus verdugos para terminar con su vida, sintiendo al pie de esta cruz el sufrimiento de su madre y a uno de sus fieles discípulos, por encima de ellos la presencia de un Dios todopoderoso contemplando esta escena, en medio de la incomprensión, desconsuelo, tristeza y dolor, aun en su ultima agonía este maravilloso hombre mantuvo la fe en la conversión del ser humano, a través de su dolor les demostró la fragilidad de un cuerpo pero la fortaleza de un espíritu intacto e inalterable ante cualquier suplicio.
Conjuntamente con su mensaje de amor entre los hombres, nos entrego el inapreciable valor del perdón y la reconciliación, como el verdadero milagro para vivir en paz.
Es así como podemos vislumbrar esta imagen con la belleza de un momento trágico en apariencia y maravilloso al permitirnos florecer en nuestro interior una fuerza para reconsiderar el propósito de nuestra vida, en donde lo material se va perdiendo con el tiempo pero las buenas acciones u obras que dejamos permanecen, crecen, se multiplican de generación en generación.
Acaso algunos preferirán no mirar a un Cristo desfalleciente y en su lugar optaran por identificar a un Dios alegre, sonriente, o simplemente no creer, sin embargo dichoso aquel ser humano capaz de no cerrar los ojos ante el dolor y puede mantener en su memoria el sacrificio de un hombre que dejo plasmado en su cuerpo el lado cruel de la humanidad, crueldad que podemos transformarla en amor, respetando nuestras convicciones , mostrando tolerancia para convivir en armonía comprendiéndonos y ayudándonos unos a otros sin distinción.
Esta imagen quien a través de los siglos ha sido testigo de innumerables milagros, a su paso continua irradiando el anhelo de todo ser humano, el mensaje que dejara este humilde carpintero crucificado “amaos los unos a los otros”, palabras con un significado profundo y entendido por todo hombre sin distinguir raza, credo, ideología o convicción religiosa
El exceso de admiración hacia la imagen del señor de los milagros puede entenderse considerando que como seres humanos no somos perfectos, en nuestro camino a ser mejores cometemos muchos errores , los cuales vamos reconociendo y tratando de enmendar, con esperanza , es así como Cristo murió, manteniendo la fe en el ser humano.
Por ello esta misma fe que el señor de los milagros nos pide a cada instante, debe estar representada por la esperanza en el mañana, confianza en el porvenir, fortaleza ante los problemas y retos de nuestra vida, así como gratitud por los dones o privilegios recibidos a través de un sincero propósito de ayuda a los demás, porque la fe se demuestra con obras.
“SEÑOR DE LOS MILAGROS
Sea este el momento para poner en tus manos mi vida en toda su plenitud, confiando por sobre todas las cosas en tu poder y el destino que pongas ante mí, tu eres mi guía, me darás la fortaleza en mi camino,
Perdona mis faltas y vacilaciones, ayúdame a ser mejor, a sentir tu mano para levantarme, a mantener viva mi fe, a obrar conforme a tus enseñanzas.
Aunque no sea el hermano fiel que tu deseas, con todas mis imperfecciones, ten por seguro que siempre estarás conmigo y te amare eternamente”.
Sofía Flores
No hay comentarios:
Publicar un comentario