lunes, 15 de octubre de 2012

UN MILAGRO DE FE

El  humilde africano de  Angola, al dejar plasmado en un mural la imagen del Cristo crucificado jamás pudo imaginar el legado trascendental  que daría paso a una veneración de siglos, una imagen impresa en un muro de adobe que soporto la ira de la naturaleza causando admiración, respeto,  esperanza y fe.
Aunque en ella podemos percibir a un ser humano sometido al calvario de la crucifixión, con los brazos extendidos clavados en una cruz de madera, con los pies traspasados por enormes clavos, llevando consigo una corona de espinas derramando sudor y sangre a través de su cuerpo , con una herida abierta por una espada de sus verdugos para terminar con su vida, sintiendo   al pie de esta cruz  el sufrimiento  de  su madre y a uno de sus fieles discípulos, por encima de ellos  la presencia de un Dios todopoderoso contemplando esta escena, en medio de la incomprensión,  desconsuelo, tristeza y  dolor, aun en su ultima agonía este maravilloso hombre mantuvo la fe en la conversión del ser humano, a través de su dolor les demostró la fragilidad de un cuerpo pero la fortaleza de un espíritu intacto e inalterable ante cualquier  suplicio.
Conjuntamente con su mensaje de amor entre los hombres, nos entrego el inapreciable valor del perdón y la reconciliación,   como el verdadero milagro  para vivir en paz.
Es así como podemos vislumbrar esta imagen con la belleza de un momento trágico en apariencia y maravilloso al permitirnos florecer en nuestro interior una fuerza para reconsiderar  el propósito de nuestra vida, en donde lo material se va perdiendo con el  tiempo pero las buenas  acciones u obras que dejamos permanecen, crecen, se multiplican  de generación en generación.
Acaso algunos preferirán no mirar a un Cristo desfalleciente y en su lugar optaran por  identificar  a un Dios alegre, sonriente, o simplemente no creer,  sin embargo  dichoso aquel  ser humano capaz de no cerrar los ojos ante el dolor y puede mantener en su memoria el sacrificio de un hombre  que dejo plasmado en su cuerpo el lado cruel de la humanidad, crueldad que podemos transformarla en amor, respetando nuestras convicciones , mostrando tolerancia para convivir  en armonía comprendiéndonos  y ayudándonos unos  a otros sin distinción.
Esta imagen quien a través de los siglos ha sido testigo de innumerables milagros, a su paso continua irradiando el  anhelo de todo ser humano, el  mensaje que dejara este humilde carpintero crucificado “amaos los unos a los otros”,  palabras con un significado profundo y entendido por todo hombre sin distinguir raza, credo, ideología o convicción religiosa
El exceso de admiración hacia la imagen del señor de los milagros puede entenderse considerando que  como seres humanos no somos perfectos, en nuestro camino a ser mejores cometemos muchos errores , los cuales vamos reconociendo y tratando de enmendar, con esperanza , es así como Cristo murió,  manteniendo la fe en el ser humano.
Por ello esta misma fe que el señor de los milagros nos pide a cada instante, debe estar representada por la esperanza en el mañana, confianza en el porvenir, fortaleza ante los problemas y retos de nuestra vida, así como gratitud por los dones o privilegios recibidos a través de un sincero propósito de ayuda a los demás, porque la fe se demuestra con obras.

“SEÑOR DE LOS MILAGROS
 Sea este el momento para poner en tus manos mi vida en toda su plenitud, confiando por sobre todas las cosas en tu poder  y el destino que pongas ante mí, tu eres mi guía, me darás la fortaleza en mi camino,
 Perdona mis faltas y vacilaciones, ayúdame a ser mejor, a sentir tu mano para levantarme, a mantener viva mi fe, a obrar conforme a tus enseñanzas.
Aunque no sea el hermano fiel que tu deseas, con todas mis imperfecciones, ten por seguro que siempre estarás conmigo y te amare eternamente”.

Sofía Flores